Bangkok. Ciudad de culturas, de templos budistas, de monjes en hábitos naranjas, budas de oro pero también de desenfreno, locura y placer. Un contraste que da que pensar sobre si todo lo que trae el turismo es bueno. Mis días en Bangkok fueron lo que me motivo hace ya años a comenzar mi primer blog. Iba a pasar una larga temporada fuera de casa viajando y quería mantener informada a mi familia y a todos mis amigos. Es cuando descubrí mi gusto por escribir… o quizás fue el gusto por compartir una gran pasión: viajar.

El vuelo desde Madrid vía Moscú duró algo más de 17 horas. Me hice a la idea de que no regresaría a España en una buena temporada cuando sobrevolaba un mar de nubes sobre Rusia. Un mar de nubes con olas infinitas, el sol en el horizonte, un primer atisbo de nostalgia. No tuve tiempo de saborear el momento, pues aterrizábamos en Moscú y tenía cerca de 20 minutos para llegar a mi enlace con Bangkok, porl o que tuve que convencer a una azafata de que mi vuelo a Bangkok salía en 20 minutos y de que tenía que llegar a otra terminal: Idioma Universal Nivel 1 superado. Así que con la adrenalina por las nubes, corriendo por una terminal llena de tiendas de lujo y rusos fumando y bebiendo chupitos de Vodka como si fuesen agua, conseguí llegar a mi terminal y a mi vuelo, así que ale: rumbo a Bangkok.

Yo estaba ya soñando con un asiento guay, con ponerme alguna peli y dormir mucho para que no me diera mucho jet-lag…craso error desear tanto, pues al ver a un ruso de 200 kg en lo que se supone que es mi asiento (en ventanilla) le digo en mi “ruso fluido”: Rijbocvu AobcyjeiuK” que viene a ser, “ese es mi asiento”. A lo que el en su ruso perfecto contesta “oubasob oicoajsnof” que yo entendí que a el le daba igual sentarse en ventana o pasillo. Y como comprenderéis, no me puse con un ruso de 200 Kg.

Luego resulto que era un tio muy majo. Por lo que he entendido con mi nivel de ruso avanzado, es inversor (a lo mejor me ha dicho que es músico) y que se llama Varistof (que a lo mejor es el pueblo en el que nació) pero bueno, yo entendí eso. Aquí viene cuando consigo superar el Idioma Universal Nivel 2: consigo que me invite a toblerone y a un chupito de vodka…ARG…craso error numero 2. Él lo mezclaba con zumo de tomate… en fin, anécdotas del viaje.

Tras llegar a Bangkok y despedirme de mi nuevo amigo, recojo la maleta y tomo directamente un taxi que me lleva de la estación de tren Phinoseque Nosecuantos a Kao San Palace, situado en Kao San Road, calle para todos los mochileros que se atreven a visitar la loca ciudad de Bangkok. Para empezar los taxis son muy bonitos, asi de un rosa fosforito, que yo solo me explico que es para verlos con claridad cuando hacen sus temerarias maniobras,  adelantando abuelitas y niños y coches y motos y bicis. Así, todo el mundo a lo loco. He de decir que pasé algo de miedo en el taxi.

Al llegar al hotel, Kao San Palace, me dí una ducha que no sirvió de nada, pues hacía una humedad de 85% y me marché a recorrer la ciudad en dirección a un parque en el que había unos espectaculos de danza tradicional. A los 5 minutos de andar, me cae una gota, y veo que la gente empieza a correr en busca de cobijo…y yo pensando “que exagerados estos tailandeses, como se ponen por una gota…”. A los 2 minutos de estar en la calle empezó a caer una lluvia tan intensa, que no había gotas. Era una cascada desde los cielos. En época de lluvias suele pasar, por suerte no duran mucho tiempo, pero tuvimos que resguardarnos en el saliente de una comisaría de policia. Cenamos en un restaurante de comida tradicional espectacular por la zona de Kao San Road y obtuvimos una priera impresión de lo que es la vida nocturna de Bangkok.

 

El día siguiente se presentaba como un día duro de turismo. Cámara de fotos en mano, mapa memorizado, guía de Lonely Planet en la mochila, agua (mucha agua) y a andar, obsesionado con conocer todos los tempos de Bangkok. Mi primera visita fue el majestuoso templo de Wat Po, con torres infinitamente ornamentadas que se abre paso entre los rascacielos, enormes tejados de color rojo con una fuerte pendiente, que albergan un Budda reclinado de nada más y nada menos que 40 metros, recubiertos por una capa de oro.

Ciudad de templos

Decidí no tomar ningún Tuc Tuc, pese a los esfuerzos de sus conductores por que me montase en ellos. Quería disfrutar de Bangkok a pie. A mi ritmo. Saboreando cada templo, cada calle, cada olor.

Así que me fuí andando hasta el Gran Palacio Real y el Wat Phra Kaew, un pequeño buda esmeralda sagrada, reliquia venerada en todo el pais. Adentrarte en estos templos es como volver 500 años al pasado.

Otra de mis paradas fue Wat Intharawihan, un templo que alberga a un Buda gigante en posición sentada muy imponente.

Otro templo que me sorprendió mucho fue Wat Benchamapophit, que cuenta con un patio interno magnífico, en el que se pueden ver 52 estatuas de buda y que dispone de varios edificios de arquitectura clásica magníficos.

Para hacer una pausa entre tanto templo y reponer fuerzas decidí comer en un puesto callejero en el que preparaban la comida en el momento. Pedí unos noodels con verduras y pollo y creo que nunca había ni he comido unos noodels tan deliciosos (costaron cerca de 0,50 €). Con la tripa llena seguí ya sin rumbo, callejeando, viendo los puestos callejeros, los mercados locales, la vida en general. Y es ahí donde me topé con el templo Wat Ratchanatdaram. Un magnífico templo en mitad de la ciudad, que está presidido por una gran torre de 30 metros coronada por 37 agujas que simbolizan las virtudes del camino budista.

El penúltimo templo que categorizaría como imprescindible es el templo Wat Traimit o templo del Golden Buddha, en el que se puede ver una impresionante estatua de Buddha de 5,5 toneladas de oro macizo. No fue hasta el siglo XX que se descubrió que esta estatua era de oro macizo, pues estaba recubierta en estuco. Fue “gracias” a un pequeño accidente en el que se partió el estuco, cuando se pudo descubrir que dentro la estatua tenía un valor incalculable.

Mi última parada/aventura fue Wat Saket o la Colina Dorada: un templo budista en lo alto de una montaña artificial. Desde aquí quería contemplar la puesta de sol sobre Bangkok, que suele ser a eso de las 6 de la tarde y las vistas 360º. Después de una larga subida de escaleras, que hizo sufrir mis gemelos con esos escalones bajitos tan cabrones… llego arriba a eso de las 5.45 y me dicen que cierran justo a esa hora. Los monjes estaban ya saliendo del templo. Les pido permiso permiso para hacer una foto de la ciudad a lo que acceden. Mientras tanto recogen sus cosas y van bajando hacia la salida del templo.

Cuando bajo yo 2 min después, que sorpresa la mía… la puerta para salir del complejo del templo está cerrada. Así que me pongo a dar gritos de HELLO y HELP. Empiezo a idear maneras de salir de aquella montaña, todas ideas peligrosas. Como saltar por fuera del muro (un muro con mucha vegetación y una gran caída), saltar por un muro interior de 3 metros cogido a una tubería, etc. Pero cuando me disponía a acometer un intento medio suicida, unos niños que jugaban al futbol cerca me vieron y avisaron al dueño del templo. El señor muy amable vino desde su casa para rescatarme.

A la hora de visitar Bangkok es importante tener en cuenta las normas de vestimenta. Nos encontramos frente a edificios religiosos. Así que aquí os dejo unos consejos:

  • Ne vestir camisetas de tirante ni pantalón corto, o llevar una sudadera para taparse.
  • No utilizar pantalón corto. En algunos templos tendrás que taparte (también puedes comprar una especie de pareos que venden a la entrada).
  • Mostrar respeto por la cultura y los monjes. No hablar muy alto, respetar cuando una persona esté encendiendo incienso, no fotografíar a los monjes sin su permiso, etc.
  • Si vas con tu pareja, no os mostréis excesivamente cariñosos

 

A mi regreso al hostel, quedé con Mae, mi amiga tai y sus amigos que me enseñaron como viven ellos una noche cualquiera. Los asiáticos toleran muy poco el alcohol, por lo que con dos cockteles van bastante piripi. Pero la noche se culmina en torno a las 2-3 de la madrugada en las calles. En los puestos callejeros que sirven unos cuencos con sopa y carne que te dejan como nuevo. Fue una gran experiencia la de vivir una noche como si fuese un tailandés más.

¿Te han gustado nuestras aventuras por Bangkok?

¿Hay alguna zona, templo, experiencia que nos hayamos perdido?

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